Mar 7, 2011
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Madurez calva

Quédate con el pulso rebelde y la manifestación vacía de

una habitación en Kansas,

un trípode y su cámara navegando el desierto.

El tren pisará los sellos,

50 centavos,

flores suicidas bajo la noche más seca

del instinto.

Quédate en el delirio

de un breve sacrificio:

en ojos demasiado abiertos entra el polvo

y la oscura codicia.

Imagina que el río

ya no sangra en tu destino

azul,

porque debes pensar

(seguro lo debes pensar)

que algún día

los vientos hollarán

por fin

la fuerza entumecida de los bosques.

Entonces buscarás la voz

que se oculta bajo las piedras,

y que se imprime en los enormes ventanales

porque ¡yerran los hombres!

tú lo sabes,

y son capaces de desaparecer

en el follaje

o entre las ovejas

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Escribo porque el vértigo nos enfrenta y ya no queda alternativa de escape a las imágenes. Seré las páginas borroneadas que habitan, en silencio, los rincones que han sido olvidados, la poesía sin nombre. Subscribe via RSS.